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lunes, 16 de noviembre de 2015

Los antiguos romanos testificaban mucho.

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Desasnar. Los antiguos romanos al no tener la Biblia o una constitución, cuando tenían que testificar el juramento lo hacían apretándose con la mano derecha los testículos como forma de ponerlos en garantía de su declaración.
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De ahí la teoría que afirma que la palabra testificar tiene su origen en los testículos, esta versión esta muy extendida por Internet y lamento decirles que no es correcta. La versión correcta (no está 100% comprobada, pero es más respaldada y coherente) afirma que testificar deriva del vocablo latino testificare, compuesto de testis que significa “testigo” y facere que significaría “hacer”, lo que quiere decir que testificar vendría a significar “hacer de testigo”.
Y testículo también deriva del latín, testis como ya dije significa testigo y culus es utilizado como diminutivo. Lo que si lo unimos nos queda “pequeños testigos”; pero si van al traductor de Google y escriben “testis culus” se traduce como “El ano testigo”.     
Ustedes decidan cual definición les cae mejor y la próxima vez que te acomodes las joyitas en el pantalón aprecia la poesía que hay en su nombre y si eres mujer y ves a un hombre acomodárselos; no pongas cara de circunstancia, ten presente la historia detrás de esos gemelitos.  


lunes, 13 de julio de 2015

El ultimo recurso de un abogado.

La Aldea Irreductible publicó hace un año una entrada sobre un curioso recurso que implementó un abogado para defender a su cliente. Y dice asi…

Una mujer ha desaparecido y su marido está siendo procesado, acusado de matarla. En un momento determinado del juicio, su abogado dice al jurado:
“Damas y caballeros, tengo una noticia sorprendente. No sólo la esposa de mi cliente está viva, sino que ella va a aparecer por esa puerta en diez segundos. “
Un silencio expectante inunda la sala…


… pero no pasa nada.
“Piensen en esto” – dice el abogado dirigiéndose al jurado – “el hecho de haber mirado a la puerta, esperando ver a la mujer desaparecida, demuestra que tienen una duda razonable sobre si el crimen se cometió en realidad. Por lo tanto, al amparo de esa duda razonable, deben declarar inocente a mi cliente”
Se sienta con confianza, y el juez envía al jurado a deliberar a otra sala.
Regresan en diez minutos y leen el veredicto, declarando al marido culpable.
“¿Culpable?” – dice el abogado sorprendido – “¿cómo puede ser eso? ¡Todos miraron a la puerta! ”
“Sí, la mayoría de nosotros estábamos mirando la puerta” – contestó el portavoz del jurado – “pero uno de nosotros miró al acusado, y él no estaba mirando la puerta.”
¡Tremendo fallo del abogado que no le dijo a su cliente que también mirara hacia la puerta! 



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